Why go to learn the words of fools…

Reseña

>The Midnight Travellers – Ant Made.

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Sin duda, uno de los discos más esperados de la escena rockera patria, The Midnight Travellers se han trabajado a golpe de concierto una reputación de banda grande, fama sin duda más que merecida. El nivel que mostraron hace dos años con su debut, Uncommon sense, nos hacía intuir que esta banda tenía buena pinta, y que los años, como al buen vino, sólo les podía hacer mejorar. Como digo, ahora vuelven con Ant made, y… pocas veces he pinchado un disco por primera vez con tanta expectación. Por supuesto…, que no defraudan. Antidote presagia algo MUY especial: canción grande de banda grande para comenzar un disco colosal. Recuerdo escucharlo por primera vez en el coche y tener que parar para cerciorarme de que no me había equivocado, de que realmente era el disco de los Travellers. El medio tiempo atmosférico inicial da paso a la fiesta, rock con sonido eminentemente 90’s, de guitarras poderosas y melodías trabajadas, al igual que una cuidada producción que dota al sonido de los barceloneses de un cuerpo a cuerpo suficiente para mirar a los ojos a cualquier producto internacional. One of a kind es un pelotazo señores, Humble Floor recuerda a unos recuperados Alice in Chains (esa voz, esos coros…), Head, Heart & balls, una declaración de principios y uno de los temazos del año.
A veces parecen dejarse imbuir demasiado por el espíritu de algunas bandas cuyo sonido planea con evidencia en muchas de las canciones del disco, pero definitivamente… los Midnight Traveller han nacido para triunfar.


>Graveyard: ¿La gran esperanza del Rock and roll?

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No hace ni una semana que los he descubierto. Son suecos y su disco se ha publicado este mismo año, pero si os digo que cuando vi su video, el del single que da título a su álbum, creía ver una actuación del 69, no os exagero lo más mínimo. Su sonido está emparentado directamente con el sonido de finales de los 60’s y comienzo de los 70’s, su imagen es 100% rock, bigotes, melenas hasta las rodillas,… su música parece sacada de todas esas bandas “menores” que tanto nos gustan (a mí me suenan a Ten Years After, unos oscurísimos Lynyrd Skynyrd, sus medios tiempos tenebrosos que casi duelen…), a ratos lisérgicos, otros blues, densos, poderosos,… tienen grandes canciones, sonido apabullante y áspero, actitud, buen gusto, imagen… joder… lo tienen absolutamente todo. La voz de su cantante parece sacado de un casting para sustituir a Chris Cornell (el bueno, no el actual). En un mundo perfecto (…) estos tipos deberían estar reinando los grandes escenarios de todo el mundo, cuanto menos los americanos, progenitores autorizados de este sonido. Y sí, tengo esperanza de que de repente todo el jodido planeta se vuelva loco y comience a devorar su música con la avidez del hambriento y sediento de emoción real. Si este planeta debe ser destruido y vuelto a levantar, que sea con bombas nucleares como este disco. En www.discosinauditos.com dicen de ellos que son “el Dorado para aquellos melomanos que no se encuentran desde hace tres decadas, madera añeja guardando vino y un pocoton de notas que hemos escuchado tantas veces, pero que para aquellos que tenemos alma, suenan tan sublimes como la primera vez“. Gloriosa declaración.

Y sí, repito, mi fé en el rock & roll seguirá siempre intacta gracias a bandas como Graveyard.


>Jose Ignacio Lapido – Entrevista

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Aquí va la entrevista que le hicimos a Lapido aprovechando su tremendo nuevo disco y que han publicado en el Freek de este mes.
“La hora de los lamentos” es una de las canciones más emotivas que he oído en mucho tiempo, Miguel Ríos imprime a la canción de un sentido aroma de clásico. ¿Qué se siente al compartir grabación con un icono como él?
La presencia de Miguel en un disco, a priori, puede ser intimidante para cualquiera, en el buen sentido de la palabra, por el peso histórico que tiene su nombre. Lo que pasa es que yo ya lo conocía desde hace bastante tiempo y sabía que él transmite confianza y seguridad, siempre está dispuesto a todo y se ofrece para lo que haga falta, muestra de ello es que él aceptó colaborar sin haber oído nada de lo que estaba haciendo, y lo que más me preocupaba era ofrecerle una canción que estuviera a su altura. Le mandé una maqueta de “La hora de los lamentos” con guitarra acústica y voz y me dijo que adelante. Después de la grabación he tenido la suerte de que me invitara a participar en algunos de los conciertos de su gira de despedida. Una experiencia increíble.

Pregunta obligada, ¿por qué invitados en este disco?
No lo había hecho antes y pensé que era el momento adecuado, además los que aparecen son artistas con los que había una relación anterior. Con Quique González ya había colaborado un par de veces en los escenarios y con Amaral lo mismo. Son gente que siente un gran respeto por el pasado musical de este país y eso les honra. Quini Almendros, que ha tocado el pedal steel, ya había colaborado en mis dos discos anteriores, todo un virtuoso.
¿Hay algún artista con quien te gustaría compartir escenario o grabación?
Hombre, por elucubrar que no quede. Wilko Johnson o John Fogerty serían geniales.
La sensación que desprende tu música en general y que en este disco se acentúa especialmente es de desilusión y cierta melancolía, ¿por qué?
La palabra es desencanto. No puedo evitarlo, es lo que siento y es lo que reflejo en mis canciones. En cualquier caso mis canciones son un poco poliédricas, por decirlo de alguna manera. Mezclan experiencias vividas con sueños, vidas de otros con vidas imaginarias, pasado y futuro… de todo eso sale una voz, entre escéptica y desencantada. Digamos que pese a todo tengo ganas de seguir caminando aunque intuya que lo que hay delante es un precipicio.
Eres de los poquitos que aun siguen con la vieja costumbre de incluir las letras de las canciones en los discos… ¿y esa fijación tuya?
Pues no sabría decirte. A mí me gusta leer las letras de los discos que compro. Lo suyo sería incluir también las partituras, y un bocadillo de jamón para que el comprador se sintiera a gusto. No sé.
Te sigues sintiendo guitarrista que canta… ¿o ya lo hemos superado?
Digamos que yo no soy cantante vocacional. Si de mí hubiera dependido, hubiera seguido de guitarrista solamente. Tal vez por timidez. No me siento cómodo siendo el foco de atracción de las miradas. Ya han pasado diez años desde que empecé a ejercer de cantante y obviamente lo tengo asumido, pero si te digo la verdad disfruto más cuando me toca hacer el solo de guitarra.

¿Puede vivir un José Ignacio Lapido de la música?
Mi opinión sobre la industria musical española no tiene nada que ver con mi situación personal. Yo me muevo en los márgenes. Me decidí hace unos años por la autogestión y ahí sigo. Tanto la gran industria como los autogestionarios como yo nos enfrentamos a un enemigo común, una creencia que se ha instalado en la mente de casi todo el mundo: creen que nuestra actividad no necesita ser remunerada. Piensan que la música, como el maná bíblico, brota del cielo y que el trabajo de autores, músicos y productores ha de estar a su disposición gratuitamente. Eso, a larga, y a la corta, es insostenible. Yo tengo otro trabajo aparte de la música, si no sería imposible.
 
Y aquí la correspodiente reseña del disco.
José Ignacio Lapido continúa su trayectoria en solitario a su ritmo, pausado pero seguro, sin prisas pero con la convicción de conocer el camino que está recorriendo, sabedor de los pasos que dar en cada momento. “De sombras y sueños” mantiene la línea del aclamado “Cartografía” publicado hace dos años, un glosario de cantos a la nostalgia, el desencanto y la tristeza. Como ya se veía en aquel disco, Lapido suena cada vez más compacto, canta mejor y se atreve con nuevos matices (“Olvidé decirte que te quiero”), aunque, sobre todo, sus canciones siguen cinceladas a fuego lento, con la intensidad habitual del granadino, quizá algo más reflexivo si cabe.

En esta ocasión lo más llamativo, dando por sentado el alto nivel compositivo, son las colaboraciones. Eva Amaral en “Doble salto mortal”, Juan Aguirre en “Cansado”, o Quique González con “En medio de ningún lado”, añaden distintos matices a las canciones de Lapido, cuya voz no es su punto fuerte. Y claro, entre todas las colaboraciones hay una que reina sobre las demás: Miguel Ríos, mito viviente del rock’n’roll patrio convierte “La hora de los lamentos”, sobresaliente composición de por sí, en una de las canciones de la temporada, con aroma a clásico desde ya mismo. Sencilla, juguetona, en ella Ríos se compenetra a la perfección con Lapido, contrapunto del tono pesimista de la canción, dotándola de la maestría y la dulzura de quien está de vuelta de todo, un viejo marinero que no sabe retirarse del mar y que transmite carisma y sabiduría en cada nota.

Grandes canciones, disco enorme.


>The Shooters – Rock pedal to the floor.

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Menudo artefacto… Un auténtico ejercicio de estilo, stoner de alta escuela, sonido saturado, guitarras densas hasta la extenuación, impecable producción,… un disco que podría presumir perfectamente de haber sido grabado en la costa oeste americana. Una de las sorpresas más electrificantes y gratificantes del año.
Rock pedal to the floor me ha dejado completamente sin habla. Siete temas que beben directamente de los Kyuss más primitivos, los Nebula más pasados de vueltas o unos Orange Goblin muy cabreados. Toda una declaración de stoner rock de alta escuela, un dejarse ir entre los vientos arenosos de Palm Springs y salir indemnes de una jam con el desierto. Cuando los Kyuss son un recuerdo lejano, Josh Homme reniega de su pasado, FuManchu se difuminan (ese Stonefly vale más que los dos últimos discos de los californianos)… The Shooters nos devuelven la fe en el Stoner Rock. 
Y preciosa portada, por cierto. 
Descarga del disco (Autorizada por la banda).

>No temáis por mí – Hendrik Röver

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No controlo demasiado a Los del Tonos, y a Hendrik Röver aún menos. Pero me ha llegado su nuevo disco y es una auténtica delicia. Además, viene con un cd adicional con una colección de canciones bluegrass que grabó con la West Bluegrass Band, y todo suena increíble. Sonido americano directamente del corazón, cálido, sin artificios.

Y la canción que le da título al disco.

Podéis escuchar más y/o comprar el disco en www.hendrikrover.com. Recomendadísimo.


>Lonna Kelley – Broken Hearted Lover (Actualizando links)

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Revisando que hay algunos links que han dejado de funcionar, aprovecho para arreglarlos y re-postearlos, sobre todo aquellos que fueron muy al principio. Ya sé, no es demasiado original, pero así están las cosas, y las ideas que van surgiendo se van acumulando por falta de tiempo y , por qué negarlo, de cierta motivación a seguir con el blog. 

Dadle una oportunidad a este disco, en su día me cautivó como pocos lo han hecho.

Menudo descubrimiento de esta chica de Arizona que ha sacado hace poco su primer disco. Esto es lo que dicen en la revista Freek de ella en la reseña del disco:


“Hay músicas que evocan silencios, espacios que se hacen grandilocuentes en la ausencia del sonido, melodías que susurran sueños largamente perseguidos y nunca encontrados. El desierto, la noche, una copa vacía, el humo perdido de un cigarro,… Los recuerdos languidecen en la cargada atmósfera de la habitación de un pueblo fantasma y las canciones fluyen quejosas y densas, ásperas y suaves a la vez. Lonna Kelley ha conseguido en un escalofriante disco debut hacernos partícipes de un universo parco en artificios y magnífico en matices: corazones rotos, recuerdos de niñez, ciudades abandonadas al tiempo,… y en donde la melancólica nostalgia de la soledad del desierto planea en cada nota del slide de su acústica.

Espectacular disco de la joven cantautora norteamericana descubierta por Howe Gelb (Giant Sand), y que en breve estará de visita por España. En este “Broken Hearted Lover” los vientos del caluroso e inhóspito desierto de Arizona se plasman a un ritmo lento, casi jazzy, cálido y rodeado de cierto misterio, provocado tanto por la musicalidad desapacible de la voz de Lonna como lo transparente de sus canciones. Pocas voces femeninas, dentro y fuera del mainstream, son capaces de transmitir tanta emoción con tan poco. Tan sólo necesitas escuchar su primera canción, “I should have known” para saber qué diablos estuvieron buscando todos estos años The Cowboys Junkies y nunca encontraron.

Lo dicho, escalofriante. Sírvase en soledad una tarde de frío invierno.”


>Monkey Week 2010.

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Aquí va la crónica que servidor ha hecho sobre el festival para los amigos de Paisajes Eléctricos.

Lluvia, consagración, diversión, rock & rolll…: Monkey Week 2010.
Por segundo año, el Puerto de Santa María se convirtió en punto de reunión de músicos, medios, discográficas y gente afín a esto de la música. Del 8 al 12 de octubre, los integrantes de La Mota Ediciones se volvieron a embarcar en este particular festival, un evento que a todas luces trata de desmarcarse del resto de los que se organizan a lo largo del país, una distancia tanto de convicción como de estilo. Donde unos se pelan el culo por traer a la estrella de turno (algo loable), el Monkey evidencia una tendencia a identificar el festival como un punto de partida y no de llegada, entendiendo que el asistente al Puerto estos días no viene buscando nada en particular sino que viene a conocer, aprender, divertirse y a dejarse asombrar. Y sí, lo mejor que se puede decir del Monkey Week es su enorme capacidad de asombro. Asombro por la capacidad de poner patas arriba a la ciudad, por la capacidad de meter durante cuatro días y cuatro noches el pop, el rock & roll, el indie… en cada rincón de las calles del Puerto, asombro por la pasión con la que los organizadores demuestran en cada decisión que toman. Y no, no seré yo quien diga que el Monkey Week es un reloj suizo en cuanto a organización, ni seré yo quien asegure que no hay cosas por mejorar, pero… yo sólo veo parabienes.
Lo primero: No sólo de música en directo vive el monkey-fan (permítanme la innovación del término). De entrante tenemos las charlas, o mesas redondas, con un Teatro Muñoz Seca, en pleno centro, repleto de stands de sellos, músicos ávidos de darse a conocer y propuestas de todo tipo. Había incluso quien regalaban gafas para ver en 3D su video cuál James Camerón malasañero. No es una cuestión banal para cualquier asistente, por que por allí pasaron voces más que competentes para hablar de la situación de la música en general, de la evolución del directo en España, de la importancia (o no) de los blogs como nuevo sistema de extensión de la cultura, de lo complicado para los nuevos músicos sacar adelante sus propuestas, del papel de la SGAE y los derechos de autor… Comentarios que fueron algunos apasionantes y otros menos, pero que sin duda en boca de gente como Nacho Vegas, Miqui Puig, Hendrik Röver, de representantes de Ruta 66, Mondosonoro, la propia SGAE, la sala Sol de Madrid,… de promotoras, de radios on line… presentaron una imagen fiel de dónde estamos y hacia dónde parece que vamos, una amalgama de mundos paralelos a la música. Desde luego la palma se la llevó la encendidísima participación de Juan Aguirre de Amaral al que le faltó echar bilis por la boca al referirse a la industria musical, explicando cómo el sistema cada vez es más precario para los nuevos valores, ataque sin tapujos a la SGAE incluido. En definitiva, para todos los asistentes de estos foros fue una especie de bocanada de aire fresco, la sensación de que no estamos solos, y de que pese a las dificultades, ahí fuera hay mucha gente con inquietudes, tanto de hacer como de consumir música (o promoverla).
Pero vayamos a lo más importante, la música. Por que al fin y al cabo es de lo que se trata, como decía el domingo Fino de Los Enemigos. La oferta ha sido completamente inabarcable, y como por ahora la capacidad de ubicuidad no la he desarrollado tanto como quisiera y la planificación inicial fue imposible de cumplir… Por que ya me contaréis, cómo diablos puede uno ver a la mitad de los grupos que tocaban cada día repartidos por la localidad gaditana. El sábado me tuve que perder a Ainara Lagardon, The Barbass o Mujeres, aunque sin duda el plato fuerte me esperaba en el Monasterio donde esperaba poder contemplar a mis dos grupos referencia, los creadores de krautrock, Faust, y a los inclasificables Chrome Hoof… pero una descomunal tromba de agua provocó que los organizadores decidieran cancelar las actuaciones de ambos. Mal comienzo, día flojo en cuanto ambiente por culpa de la amenazante lluvia en el que debía ser uno de los días fuertes.
No pasa nada, el domingo volvemos, el clima parece darnos un respiro, y yo me voy de cabeza a ver a los Guadalupe Plata en el precioso Mucho Teatro, y no, los de Jaén no defraudaron lo más mínimo, nos volaron la cabeza con su blues rural cargado de sentido virtuosismo, definitivamente uno de los triunfadores para el que suscribe. Optando por quedarme a ver la siguiente actuación, me dejo convencer por Audience, una banda de jóvenes multiinstrumentistas que dominan el rock americano tradicional, voces potentes, guitarras variadas y unas tablas escénicas de las que te dejan con ganas de mucho más debido a unos problemas de sonido que les incomodó toda la actuación. Gustaron.

Teniendo en cuenta que el Arriate estaba demasiado lejos para ver en apenas unos minutos a Niño Malalengua, opto por colarme en el Milwakee para ver las dos últimas actuaciones de la noche, que nos dejan a todos un tanto frío, frío que se recompensa con el fantástico ambiente pre-concierto en el Monasterio. Con un poco de incertidumbre por la lluvia… los absolutos triunfadores por KO demoledor: Cave, apenas estábamos entrando en calor nos apabullan con una rocosa muralla electrónico-rockera de las que se recuerdan toda la vida. Muchos de nosotros sencillamente no nos lo podíamos creer, volumen brutal, baile, groove, incluso cierta locura Stooges, en una banda que sin duda mejoran en directo respecto al sonido de sus discos.

Una vez recuperados tuvimos que presenciar de lejos lo peor del festival, Quintron and Miss Pussycat. Básicamente, un tipo clavado en el escenario tocando un teclado al más puro estilo pseudo-80’s. Y no, como broma podía haber tenido gracia un rato, pero el frío, estar calados hasta las rodillas, la hora y que muchos trabajábamos al día siguiente, hizo que a la media hora de infernales “solos” a lo Azul y Negro, decidiéramos dar por terminada nuestra jornada del Monkey. Parece ser que sacaron luego una especie de espectáculo de marionetas. Sí, todo muy underground, pero definitivamente no era para mí. Lo cual no dejaría de ser una molesta anécdota si no fuera por que me perdía la actuación siguiente de The Strange Boys, unos texanos de Austin (qué le echarán al agua allí, madre mía) que en disco suenan realmente bien.

Último día y el ambiente está al máximo. Finalmente el cielo nos da una tregua definitiva y el Puerto se convierte en lo que normalmente es, una localidad bañada por el buen tiempo y un fantástico ambiente desde la sobremesa hasta bien entrada la madrugada. Por la mañana las programas charlas a las que por motivos laborales me es imposible acudir, y una cita ineludible a las cinco de la tarde para ver a Niño Malalengua, de quien me habían hablado maravillas. Y en efecto, es indudable que estos tipos saben fabricar melodías, pegadizas y robustas, que quizá evidenciaron cierta falta de frescura por el cansancio (tocaron el día anterior), frescura de la que en realidad, las propias canciones van sobradas. Y bien, no había sido mala elección la nuestra, ya que la actuación programada a continuación era ni más ni menos que los míticos TNT, con el imprescindible Jose Antonio García (voz y alma, junto a Lapido, de 091). Pero oh sorpresa,… que no son TNT quienes se suben al escenario, sino Yani Como, una inclasificable banda de pop-rock que divirtieron al escaso público que no entendían que los TNT se habían caído del programa. Y de alguna forma, dentro de la decepción, me alegré de no ver al cantante de 091 sobre un escenario como aquel y en un sitio tan poco apropiado  para dar conciertos como era la sala Quantyc, mucho menos para un mito del rock español.
En cualquier caso, terminados los burgaleses Yani Como (el cantante es 100% arrogancia y actitud) alcanzamos a presenciar en la plaza de Alfonso X el resultado de un curioso espectáculo promovido por Rhys Chatham, quien estuvo preparando durante tres días en ensayos públicos con guitarristas locales algunas de sus canciones, especies de clases teórico-prácticas que culminarían el lunes en una curiosa ceremonia orquestada, más interesante por lo original que por otra cosa.

Pero ojo, parecía que pasaría inadvertido, y sin embargo en la sala Nahua me esperaba una de las mayores sorpresas del festival, los locales Perro Peligro: un viaje psicótico-compulsivo rallando el stoner más psicodélico con ritmos tribales, teclados afilados y bajos perversos que vomitaron una orgía de rock instrumental de lo mejorcito y más divertido que uno haya visto en mucho tiempo. Dos bajos, un batería, un percusionista completamente descosido, una guitarra y una dulce y perversa teclista forman Perro Peligro, sin duda, con Guadalupe Plata, mis triunfadores en los showcases de este año del Monkey Week.

Como decía, el lunes el tiempo había acompañado, y el horario del monasterio iba como un reloj. Para comenzar el plato fuerte salían a escena Ginferno, una inclasificable banda de rock & roll clásico, con tintes folk a ratos y un cierto aire marciano a lo Tom Waits que nos hizo bailar durante un buen rato. Mientras, en el “escenario” del RED BULL TOUR BUS teníamos a Paco Loco con la formación ?! CALYPSO que precisamente, era calipso lo que hacían, todo muy divertido, vive dios. Triángulo de amor bizarro dieron un gran concierto, en directo su sonido se hace mucho más áspero y a veces recuerdan a los Lagartija Nick. Sonido apabullante, cantante sexy y ganas de más, aunque, lo cierto es que, allí a los que realmente estaba esperando la inmensa mayoría era a los clásicos Buzzcocks, que definitivamente no defraudaron. Con bastantes años de más pero con las ganas de rockear intactas salieron a darlo todo desde el primer momento, toda la fuerza sigue ahí, sin duda. Ok, Pete Shelley está mayor, pero va sobrado de voz y si de actitud hay que hablar, entonces es Steve Diggle a la guitarra quien se lleva la palma, ejecutando todas y cada una de las canciones como si fuera la última, repasando clásicos que sonaban a gloria entre un abarrotado Monasterio.
En definitiva, una edición, la segunda en su formato Monkey Week que demuestra que esto debe seguir adelante, y que sin duda, esto del rock & roll se trata de divertir y divertirse, como refleja el comentario de uno de los organizadores, César Guisado, el último día: “No sabes cómo me estoy divirtiendo”.
Larga vida al Monkey Week.
La pequeña Lu Stone luciendo orgullosa su camiseta de ACDC en su primer festival, ou yeah…
Fotos: Miguel Ángel Paez (mil gracias) y Javi Torreira.

Videos del Monkey.
Mondsonoro: 

La film Video Magazine: